Sin duda, los escenarios de Chanel siguen siendo los mejores. Esta vez, para presentar su colección primavera – verano 2020 ha optado por desfilar en los tejados de los grandes edificios señoriales. El Grand Palais de París se convirtió en los tejados parisinos de zinc.
Virgine Viard sigue en su línea y manteniendo la escena de la Maison Chanel, no olvidando sus orígenes. Pues no faltaron ni el tejido tweed, ni el binomio blanco y negro, ni la bisutería XXL. Pero a pasar de mantener la tradición, la heredera de Karl Lagerfeld ha plasmado un poquito de su esencia en el desfile. Tal es así, que hemos podido ver faldas más cortas y prendas metalizadas, dando un estilo fiestero y juvenil al desfile. Dos adjetivos que describen a la perfección lo que fue este desfiles.
Siluetas fluidas y relajadas que permitían dar a las modelos pasos frescos. Bailaban vestidos de gasa holgados y semi transparentes, que combinaban con complementos sutiles y elegantes, un detalle de Viard que a diferencia del Káiser de la moda que los diseñaba con extravagancia, ella opta por ellos por colores, tonos y formas de adorno.
Pero para poder verlo en nuestro mente con un poco más detalle. Sólo es necesario pensar en tejido tweed, de cuadros, de colores rojos o negros, y ahora en monos. Escotes palabra de honor, cuellos redondos, mangas cortas (estilo camisetas), pantalones cortos por mitad del muslo, faldas cortas y largas hasta la rodilla, y también vestidos largos estilo camilleros. Y no olvidemos de los zapatos, los cuales eran totalmente planos, y permitían que el foco del modelo se centrase en las prendas en lugar de en las joyas, y en los sombreros y tocados en lugar de en los bolsos.
Un desfile que vuelve a hacer guiño a los anteriores, pues no es el primero de Virgine Viard tras el fallecimiento de Lagerfeld, pero sí el primero que marca el comienzo de una nueva era en la gran compañía francesa.


