Chanel en una PFW nevada

Mientras las calles parisinas se llenaban de nieve y los asistentes VIPS al desfile de Karl Lagerfeld se desprendían de sus abrigos y sus atuendos para resguardarse del frío dentro del Grand Palais, en su interior se pudo apreciar un paisaje diferente al que se contemplaba fuera. La firma francesa más conocida en todo el mundo, no ha dudado de volver a bailar por las pasarelas del Grand Palais, aunque esta vez, no lo hizo cerca de la orilla del mar, sino en una villa italiana con palmeras, césped y un lago interior rodeado de láminas de mármol para decorarlo.

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Las modelos lucieron los colores y atuendos de la temporada. Asombrándonos con sus pelos electrizantes y su maquillaje exuberante que nos dejaban sin aliento. No había más que contemplar a la modelo Kaia Gerber para saber lo que se esperaba en este nuevo desfile que nos dejó atónitos. Su vestido en particular, destacaba por ser recatado, largo hasta los tobillos, con plumas que sobresalían del final de las mangas y al comienzo de la cadera. De color rosa millenial para resaltar las flores, no había que ser muy experto para saber que Karl Lagerfeld se inspiró en el ambiente del siglo XVIII para crear esta nueva colección primavera-verano 2019.

Unas plumas que dominaron parte del desfile, pues estaban acompañadas en todo momento con el cuero. Tanto faldas confeccionadas con bikers y luego la cazadora de cuero como al revés, faldas de cuero y cazadoras de plumas.

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No obstante, aunque su inspiración haya sido en vestidos clásicos y retocados, ha puesto su toque de glamour y modernidad. Pues también ha recurrido a colores neutros como el blanco y el negro, dándoles un toque más chik. Este año, en vez de llevar cazadoras de cuero que adornen y acompañen nuestros vestidos, llevaremos cazadoras negras transparentes. Y nuestros vestidos destacarán más por su estructura peplum para decorar la parte inferior de cada vestido.

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Pero por supuesto, no faltó el clásico traje de tweed de Chanel con su cuello redondo y su chaqueta sin botones. Esta vez, acompañado de una falda con un corte abierto en el lado derecho.

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Sin embargo, este desfile no habría sido posible sin los grandes aliados o los métiers d’ art (artesanos en francés): bordados Lesage, plumas de Lamerié, sombreros de Michel, botones de Desrues y los zapatos de Massaro. Contando con la magia de la maquilladora oficial de la casa, Lucia Pica, y el peluquero Sam McKnight. Aliados imprescindibles que dieron que el toque final a la paleta cromática de los diseños, colores opuestos desde pasteles acuarelados y el negro azabache, unido a una versión más corta, con el saco smoking, botones bijou y solapas de satin.

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Una diferencia de este desfile en comparación con los otros, es que esta vez el diseñador no pudo salir a saludar. Después del cierre final del vestido de novia que lucía la modelo italiana Vittoria Ceretti, la robe de mariée es un maillot de bain recamado en cristales con gorra, Karl Lagerfeld por primera vez en 30 años se encontraba indispuesto para acudir a su propio desfile y en su lugar lo hizo Virginie Viard, su directora de estudio creativo y mano derecha.

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